Actualmente los adolescentes se enfrentan a serios problemas emocionales que no saben cómo afrontar, puesto que no se les ha dado ningún tipo de herramientas ni ayuda. En esta etapa de la vida, se plantean reflexiones sobre los propios sentimientos y en numerosas ocasiones estas no son compartidas, son reflexiones silenciosas que acaban provocando un problema en el adolescente debido a la falta de la capacidad de gestión. Por lo tanto, la gestión emocional es una asignatura necesaria en las aulas.
La pérdida de autoestima es una de las consecuencias de este tipo de reflexiones. Esto puede llevar al adolescente a tener una distorsión de su autoconcepto, la imagen que uno tiene de sí mismo. Los pensamientos negativos tienen la cualidad de invisibilizar todo, consiguiendo que el adolescente se centre solo en los defectos y no le de valor al resto de cualidades. La atención se desvía automáticamente a aquello que consideramos malo. En estas situaciones, la vida se convierte en un peine con una púa rota, aunque el resto del peine pueda realizar su función, la de peinar, toda la atención se centra en la púa rota, mirándola ininterrumpidamente hasta que distorsionamos la realidad y le damos todo el protagonismo: el peine no sirve.

Finalmente, el peine es solo una púa rota, esos pensamientos negativos que se apoderan del adolescente que crean una distorsión de la realidad.
La baja autoestima es muy común entre los adolescentes, sin embargo, no es tan visible ante el resto. En numerosas ocasiones, no tratar estas situaciones puede llevar a casos extremos como la aparición de trastornos alimentarios en los adolescentes. Detrás de cada uno de los TCA (Trastornos de la Conducta Alimentaria) se encuentra el verdadero problema. El problema no es el que el adolescente manifiesta, la comida, el problema es todo lo que le ha llevado hasta ese punto en su vida. La comida es solo la representación, un cumulo y estallido de emociones que piden ayuda. La comida sería esa púa que se lleva todo el protagonismo mientras que el resto del peine pasa desapercibido. Esa es la función de esta enfermedad, restar importancia a todo lo que va mas allá de la alimentación para que el adolescente no sufra con sus problemas personales. Sin embargo, no trata los problemas sino que los camufla con la aparición de síntomas que pueden llevar al adolescente a la muerte.
Como podemos ver en la siguiente imagen, todos los pacientes con TCA pueden representar la enfermedad como un iceberg en el cual se oculta lo que realmente atormenta y se muestra a los demás los llamados síntomas alimentarios.
El sufrimiento, la baja autoestima, la desesperación, la obsesión, el control, la exigencia, la búsqueda de la perfección, la frustración, la propia incomprensión, el desconocimiento de uno mismo… todo ello queda por debajo, escondido hasta que estalla a la superficie con síntomas físicos o malas conductas con la comida que a veces no tienen porqué derivar en algo que se vea a simple vista.
El gran error que comete la sociedad ante esta enfermedad, debido a la falta de información, es creer que el problema es la comida, que la solución está en el peso, en un simple número. Si no se pone solución a todo aquello que no se ve, si no se aprender a gestionar este tipo de emociones y sentimientos que han llevado a desarrollar el síntoma, éste volverá a surgir en cualquier otro momento. Por ello esta enfermedad es, en su origen, “invisible” para todo aquel que no se halle en la piel del que la sufre.
Como anteriormente se ha mencionado, la sociedad no tiene constancia del grave problema que suponen estas enfermedades. El desconocimiento y la desinformación que tiene la sociedad frente a esta enfermedad es debido a la falta de educación, tal y como podemos apreciar en la siguiente imagen.
Aquí aparece lo que se enseña actualmente en las escuelas sobre los TCA, se demuestra la poca información que se transmite a cerca de este tipo de trastornos, creando unas ideas equivocadas en los adolescentes. La gran mayoría de los afectados por este trastorno no es consciente del problema que tiene y le resta importancia a aquello que le está ocurriendo. Si la sociedad está desinformada en este aspecto, la incomprensión es mayor y el miedo a pedir ayuda aumenta.
Los Trastornos de la Conducta Alimentaria (TCA) son enfermedades con graves consecuencias para la salud física y psicológica de quienes los padecen y para sus familias. Sus diferentes patologías (Anorexia, Bulimia y Trastorno por Atracón) tienen en común la obsesión por el peso, la imagen y la dieta. Nuestro modelo de tratamiento interviene en todas aquellas áreas de la persona afectadas por la enfermedad, teniendo en cuenta los trastornos asociados, que a menudo conviven con los TCA dificultando su diagnóstico.
La Anorexia Nerviosa se caracteriza por una preocupación obsesiva sobre la alimentación, miedo extremo a ganar peso y exceso de control del mismo. Cursa con bajo peso y en mujeres provoca pérdida de la menstruación. En la mayoría de casos, estas personas sienten el deseo de seguir bajando peso aunque estén muy por debajo del considerado normal para su altura y talla.
Nos referimos a anorexia nerviosa restrictiva cuando la persona desarrolla estrategias conductuales dirigidas a restringir alimentos (generalmente acompañadas del abuso de actividad física), mientras que en la Anorexia Nerviosa purgativa la persona utiliza el vómito, laxantes o diuréticos para conseguir la reducción de peso.
Nos referimos a anorexia nerviosa restrictiva cuando la persona desarrolla estrategias conductuales dirigidas a restringir alimentos (generalmente acompañadas del abuso de actividad física), mientras que en la Anorexia Nerviosa purgativa la persona utiliza el vómito, laxantes o diuréticos para conseguir la reducción de peso.
La Bulimia Nerviosa se caracteriza por la presencia de atracones alimentarios. Se considera que un atracón es la ingesta de una gran cantidad de comida, en un periodo muy breve de tiempo, acompañada de una importante sensación de pérdida de control. Después de cada episodio de sobreingesta la persona se ve asaltada por un intenso sentimiento de culpa que, junto con el miedo a engordar, precipita maniobras compensatorias como el vómito (bulimia purgativa), la restricción alimentaria o el ejercicio compulsivo. Mediante estas conductas, se consigue mantener el peso, lo que dificulta su detección por parte de familia, profesores y profesionales de la salud.
El Trastorno por Atracón se caracteriza por la presencia del atracón como manifestación principal, pero a diferencia de la bulimia no hay conductas compensatorias. Se trata de personas con sobrepeso que han intentado múltiples dietas sin éxito, estando con frecuencia el uso de la comida vinculado a conflictos emocionales. Es fundamental diferenciar este trastorno de la obesidad o el sobrepeso, ya que su tratamiento deberá ser muy distinto. Es un trastorno que puede llegar a ser muy invalidante pudiendo requerir de un ingreso hospitalario para realizar una buena evaluación y controlar adecuadamente la conducta alimentaria.
Dentro de la patología alimentaria es muy habitual encontrarnos con situaciones de comorbilidad, es decir TCA asociados a otras patologías psiquiátricas tales como depresión, ansiedad, trastornos de personalidad o abuso de drogas. En población infantojuvenil destaca la cada vez mayor presencia de comorbilidad con trastornos de conducta y trastorno por déficit de atención (TDAH) así como una gran presencia de autolesiones. Los TCA suponen el porcentaje de mortalidad más alto en las enfermedades psiquiátricas.
En el siguiente documental de TVE, “El peso de la vida”, podemos encontrar diferentes casos de TCA reales en España.
Para finalizar, propongo reflexionar un poco sobre la falta de información en las escuelas, ¿qué actitud muestras frente a los Trastornos de la Conducta Alimentaria?, ¿podemos hacer algo para cambiar esta situación como docentes?.
Para conocer más información, recomiendo el blog de ITA (Instituto de Trastornos Alimentarios)


No hay comentarios:
Publicar un comentario